¡Atrévete a pensar! | El horizonte humano
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El horizonte humano

El horizonte humano

«Hay que seguir, pensamiento,
vida y vuelo.
Hay que crear esa vida
que ahora nos parece un cuento.

Andando, según se anda,
yo me invento:
Y ante el inmenso silencio,
hago real lo que creo» (Gabriel Celaya).

 

Una de las imágenes que mejor describe los avatares de nuestra existencia humana es la del camino. Estamos siempre en búsqueda, a la caza de fragmentos de sentido que alivien las ansias de nuestro cansado corazón humano. Y así, recorremos la historia peregrinando siempre hacia ese horizonte de plenitud donde esperamos que encuentren respuesta nuestros anhelos más profundos.

A veces nos cuesta caminar por la vida con la mirada llena de esperanza. El clamor angustioso de los que sufren se levanta ante nuestros ojos como una nube oscura que vela la meta de nuestro sueño. Las guerras, el hambre, la miseria, las experiencias personales de dolor, el egoísmo que encontramos en nuestro propio corazón… hacen del absurdo un incómodo compañero de viaje que nos invita con insistencia a abandonar la aventura y a instalarnos -indiferentes- en el borde del camino.

No es difícil caer en la tentación del sinsentido. Pero merece la pena rebelarse contra él y plantarle cara, porque nos deshumaniza y mutila nuestro porvenir. Hay que seguir adelante, siempre adelante, escrutando los acontecimientos de cada día buscando los signos que nos revelen que ese horizonte humano es algo más que una ilusión. Solo así podremos saborear la hondura de esas experiencias de apertura que la vida nos ofrece constantemente entretejidas con lo cotidiano. Son experiencias de amor, de amistad auténtica, de entrega generosa y desinteresada… que, aunque quisiéramos prolongarlas indefinidamente, pasan, pero permanecen en nuestro recuerdo como «sacramentos» que ya han hecho presente, de algún modo, lo que algún día tenemos la certeza que será último y definitivo.

Hablar de futuro, de fe y de esperanza no es hablar de ilusiones ingenuas y paralizantes. Se trata, más bien, de contemplar confiadamente el profundo misterio de la libertad, que nos reta una y otra vez a abandonar los miedos y la mediocridad y a enderezar nuestros pasos hacia un porvenir más justo y más humano.